lunes, 8 de septiembre de 2008

El unicornio, cuento

Que si los unicornios existen?, bueno hija, esa pregunta se la hice a mi abuelo y el al suyo. Y ahora desearía que tu, tuvieras un abuelo, que con las palabras de antes, te contara esta historia.



Y?, Bueno, si, eso depende de tu habilidad para recordar tus sueños. Porque los unicornios existen. En una realidad que pocas veces visitamos. Existen como esas flores efímeras que solo explotan de noche, cuando tu duermes y no las ves, pero que sin embargo, perfuman hasta el último rincón de tu letargo, y sin saberlo su aroma es el aroma de tus secretos Y, si pones atención al escenario de tu fantasía, descubrirás que constantemente es visitado por seres y personajes, que te observan detrás de un árbol, que se mimetizan con las nubes, que ocultan su silueta entre el movimiento del agua, en el rostro de la luna o se esconden en la esquina de un espejo.
Antes de que el tiempo comenzara a fluir, había un lugar perfecto para todo lo que allí vivía, un espacio sin medida, donde las distancias eran ignoradas, ya que los seres que recorrían esos lugares tenían la eternidad para hacerlo, por lo tanto no tenían prisa, la eternidad era la única medida que existía. Unicornios y centauros cabalgaban por llanuras doradas por luz estática. Era una luz, que simplemente era luz; no surgía de una fuente, ni se dirigía a ningún lugar, no viajaba, por supuesto, el sol solo era un elemento estético mas del paisaje de este paraíso. Cada ser, tenia su territorio predilecto, pero a nadie se le impedía transitar, así, los dragones que normalmente eran nómadas, se les podía ver en casi todos lados, en las selvas a las mandrágoras, y a los minotauros en las montanas. Las ninfas y las hadas preferían las regiones obscuras, donde la esencia luminosa era tímida. Eran países de noches indecisas que nunca terminaban. Los bosques de helechos eran habitados principalmente por troles y gnomos que se divertían haciendo bromas a las visitas, tocando sus hombros y luego volviendose invisibles, dejando solo su risa flotando en la bruma.


Ocasionalmente las sirenas descansaban en las playas, hasta que se aburrían, y entonces se sumergían en el océano templado, hasta que poco a poco se iban convirtiendo en los delfines que hoy conoces.
Ya lo se hija!, los libros de historia natural no dicen eso, pero tampoco te dicen de que material están hechos los sueños, verdad?
Pero, si pones mucha atención, descubrirás que en algunos bosques existen caminos secretos por donde algunos seres se deslizan entre el mundo y tus sueños. En noches tranquilas todavía puedes escuchar el crujir de las hojas secas, cuando algún fauno pasea para ver la luna y esperar, esperar, a que todo vuelva a ser como antes del tiempo.
Pero, me estoy desviando del tema verdad? Quieres saber que paso con los unicornios?
En aquel fantástico lugar surgió de la nada, un momento, un instante, y con el, apareció también un ser diferente a los que existían. Tenia el torso de un centauro, pero solo dos pierna; como los minotauros. Y aunque desperto en todos la desconfianza por no andar desnudo, sino cubierto con una manta blanca; se acercaron a darle la bienvenida. No parecía agresivo, pero su mirada exigía sumisión.
-Cual es tu nombre? - se atrevió al fin a preguntar el minotauro, y el nuevo ser, sin vacilar contesto. Puedes llamarme Dios.
No puedo decirte, hija, cuanto tiempo transcurrió, porque el tiempo no existía, pudieron ser millones de siglos o solo unos segundos. Para aquellos seres era lo mismo, su cuerpo no envejecía y con solo imaginarlo, aquel paraíso cambiaba su forma de manera increíble. Así se reinventaban a cada instante. Dentro de un universo que, como caleidoscopio surgía desde el fondo de sus mentes.
Pero el nuevo ser, se aburría. Era el único en su especie y eso lo entristecía. Hasta que en un momento descubrió su poder, y con su voz apacible pero autoritaria le ordeno a la luz, que viajara por todo el espacio que existiera. Y esta le obedeció .
Ante los atónitos ojos de los Silfos y las quimeras, con un movimiento circular de sus manos, hizo que todos los cuerpos celestes comenzaran a girar sobre si mismos y a viajar como la luz por todo el universo. Y con este deseo, hija, había creado el tiempo !
Al principio, el día y la noche fueron una agradable novedad, a los seres del paraíso les divertía que el mundo alternara entre la luz y la obscuridad y no dejaban de sorprenderse por los cambios de clima, el frío y el calor eras considerados como seres invisibles recién llegados.
Hasta aquí, hija, todos los cambios hechos por la criatura auto llamada Dios, eran bien recibidos por el resto de las criaturas. Ahora, podían percibir sensaciones desconocidas, como el dolor que causaba la caricia de ese nuevo inquilino al que Dios llamo fuego. También conocieron la tristeza cuando se dieron cuenta que sus cuerpos se transformaban y se debilitaban.
Fue entonces cuando supieron lo que Dios había hecho. Había sumergido al universo en la corriente del tiempo.
Con mucha angustia -que también era nueva- descubrieron algo totalmente desconocido. La muerte!. Que se presento ante ellos reclamando la compañía de los dinosaurios, que nada pudieron hacer para escapar de caer en un sueno del que jamas despertarían, y se ahogaron en el tiempo.
No conforme con este caos, e indiferente a lo que sucedía, Dios se puso a juguetear con el barro bajo sus pies y formo una silueta parecida a el mismo. Recordó lo solo que se sentía, y soplo sobre el barro para secarlo, y este cobro vida, se puso de pie, y a Dios le gusto tanto verse reflejado que hizo otro, y otros mas.
Cuando Dios vio que todas sus criaturas se habían puesto de pie, sonrió y les dio la espalda. Se fue caminando hacia el atardecer sin decirles una sola palabra.
Lleno de entusiasmo el centauro se aproximo a los nuevos seres que al menos en parte se parecían a el, y les dijo -bienvenidos, yo soy el centauro, cual es su nombre, hermanos?-. Tomando entre sus manos arcos y flechas que habían construido al destruir algunos arboles, contestaron -soy el hombre, y este es mi territorio. Alejate hasta detrás de aquellas montanas que allí estará el tuyo-. Así, las fronteras fueron el primer invento de los hombres y fueron ellos los primeros en decir "esto es mio".
Surgieron otras costumbres humanas, la guerra, la esclavitud y la depredación. Cada vez los territorios asignados por el hombre, a las demás criaturas se hacían mas pequenos y la contaminación de los ríos hizo desaparecer a las mujeres caimán. Las ballenas, que antes gustaban de cantar sobre la arena de la costa, decidieron huir a la profundidad del mar. Y conociendo al tiempo, pensaron - solo regresaremos muertas -, y ahora cada cuando, se les puede ver agonizando, varadas en la realidad.
Las criaturas del paraíso supieron entonces, que si no eran devorados por la corriente del tiempo serian destruidos por la avaricia y ambición del hombre.
Y fue así, hija, que hicieron lo único que les quedaba por hacer. Refugiarse donde el hombre, nunca las encontraría, en el único lugar que al hombre no le interesaba conocer. El interior del hombre mismo, en su corazón y en sus sueños
.
Esperaron a que los hombres se durmieran, y se transformaron en una tenue neblina que se fue deslizando al interior del hombre hasta llegar al valle de sus sueños, y allí se quedaron, aunque a veces, durante un sueno muy profundo salen a buscar a las criaturas que no alcanzaron a entrar, con la esperanza de que no hayan sido arrastrados por el tiempo. Y aun viven con el temor de que el hombre un día deje de sonar, y ellos, dejen de existir.
De aquel ser que vestia túnica, nunca nadie volvió a saber nada. Pero el mundo siguió girando al compas del caudal del tiempo.
Pon atención, hija mía, a las voces que escuchas dentro de ti. No todas son tuyas o producto de tu imaginación. Dios no creo a los niños, el primer hombre nació adulto, por eso, son los niños, los que dan refugio y vida a todas las criaturas imaginarias.
Que si existen los unicornios? Hija, hay respuestas que solo encontraras dentro de ti.
Ellos seguirán existiendo si tu, no los olvidas. Si tu, no dejas de soñar.
Deberás ensenar a tus hijos a sonar, pues es en los sueños de los niños, es donde esta su esperanza, para que algún día, quizá, tomados de la manos de sus fantasías; las criaturas del paraíso, puedan regresar a casa.