Hace diez anos que Luciano se bebía las tardes de sol con sus amigos. Recién egresado de la facultad de ingeniería, por supuesto que estaba desempleado, al menos, en el sentido de sus expectativas. Pero esta circunstancia común no le impedía guardar una esperanza para cada día, aunque esta nunca llegara a ver el atardecer infernal de la frontera norte de Mexico.
El ritual diario de buscar en el clasificado un empleo que le permitiera aflorar los conocimientos adquiridos a base ausencias y de sacrificar algunos amores y parrandas, se fue desgastando sin que el milagro, pagado por adelantado llegara.
Poco a poco, crisis tras crisis y promesa tras promesa, fueron desapareciendo los partidos de futbol en los arenales, las tertulias filosóficas en la esquina del barrio amenizadas con un par de caguamas que circulaban incansables de boca en boca, como los proyectos de inversión que iniciarían cuando tuvieran con que. Las caminatas nocturnas para observar desde afuera los antros nudistas del centro, casi siempre saturados de turistas iban dejando de ser un paliativo anti miseria.
Estoica paciencia los ataba al desierto fronterizo, escapaban de sus temores ocultos al imaginar que algo sucedería pronto. Y Luciano justificaba su frustración pensando que si hace un par de sexenios estuvimos al borde del primer mundo, según las lumbreras de la ciencia económica, si el empresario mas rico del mundo es mexicano, si Echeverría es inocente, si el Güero palma se escapo, entonces, en este país todo es posible. Hasta es posible que el encuentre un trabajo que le permita levantar la cabeza ante todos aquellos que hace tiempo se fueron al norte. Pero en un país donde se pierden hasta las islas, la fe y la voluntad son artilugios decorativos para la esperanza.
Mucas veces durante su ordinario periplo del barrio hacia la maquiladora para desempeñar un trabajo X, que le permita danzar entre los limites de la paciencia y la delincuencia , el vaivén de la rutera le invitaba a explorar fantasías mentales, el vapor de los sudores de las mas variadas especies humanas lo iban impregnando de sus deseos malogrados, el interior de la chatarra se convertía en su pequeño templo privado, una lata de sueños en descomposición capaz de envenenar al sistema. Por la ventanilla veía sin ver, las enormes naves industriales y a las miles de empleadas que se relevan para trabajar, para producir y hacer realidad la quimera capitalista. Y se imaginaba, cuantos de esos rostros morenos, de adolecentes autómatas, mutarían misteriosamente como una cruz en el desierto, olvidadas para siempre de un pueblo del sur.
Así divagaba, hasta que el vértigo de caer en un bache estremecía a la rutera y convertía a los espectros que viajaban en ella, en bailarines de grotesca sincronía, por segundos inclinando sus cabezas y por instantes levitando al compas frenético de un conductor igualmente ausente de su entorno. Y entonces Luciano volvía a su cotidiana realidad.
Pero volvía de un letargo para entrar en otro. Recostado en su cama húmeda de sudor, en el descanso de sus doscientos dieciséis huesos, aunque sabemos que los huesos no se cansan pero siempre en conveniente tener donde descargar la responsabilidad de nuestra pereza. Deanvulaba, pues, por las habitaciones de su mente, buscando una idea, una respuesta o cuando menos, un pretexto para olvidar la angustia de sentir que su tiempo parecía derretirse con el calor. Y en un instante, por un grieta de sus obscuros pensamientos se escurrió un chorrito de luz y recordó que alguien le dijo que, todas la oraciones, todas las plegarias eran escuchadas, pero inexplicablemente rebotaban y caían en el norte. Donde si llovía, donde si había trabajo, donde si había futuro. Los milagros se pedían desde aquí, pero caían alla.. Extraños caminos tiene el creador. Al menos eso dicen los que buscan la certeza en los movimientos del caos.
Hasta entonces, observo con nostalgia que cada vez había menos gente en el barrio, se habían ido yendo sin darse cuenta. A su esquina le había llegado el otoño y a sus petalos los arrastro el viento del sueno americano, sin despedidas, de forma natural. Decidió no despedirse tampoco. Y cruzo la frontera. Sin resentimientos. Un bien morir en paz a media vida.
II
Han pasado catorce meses desde que aquel autobús lo llevara desde Juárez hasta Kansas City. Al menos, Luciano entro por la puerta, no tuvo que nadar el agua ni caminar el desierto y, con dos tomos de ingles sin barreras bien aprendidos, no tardo en incorporarse a la industria alimenticia de Los Estados Unidos, es decir, se hizo cocinero.
Estar solo enmedio de una multitud, es un sentimiento común, en los profesionistas que emigran para desempeñar un trabajo que solo requiere esfuerzo físico, así Luciano se acostumbro a llegar, saludar "jai" y "quibo", poner su mente en piloto automático y despedirse "siyu" y "nos vemos". Con paciencia y salivita se acostumbro a ser ignorado por los americanos, que pretextando la barrera del idioma mantienen la distancia de quienes consideran inferiores, y por otro lado, a ser rechazado por sus paisanos que no perdonan las diferencias académicas y la negativa de adoptar el "spanglish’ como lenguaje de identidad.
Asi que luciano al negarse a "parquear" su carro, a "desfrizar" la comida, a juntar pa’ los "biles", a llamar "pa’ tras", a hacer la "yarda", a "mapear" el piso, a trabajar en el "rufin", a "mixtear" los alimentos, a ver "muvis", a tomarse un "shat", a manejar "troca", se fue quedando sin lenguaje, con su español correcto, pero obsoleto porque nadie lo habla y pocos lo entienden. No encendía que en algún pliegue de la inconciencia de sus paisanos existe la seguridad de que al hablar "spanglih" ya empiezan a hablar ingles, empiezan a olvidar el español y con ello los recuerdos miserables.
Cuando la soledad es la única compania disponible, ideas en todos sentidos encuentran cauce en la mente indefensa, Luciano no por ser el protagonista de esta narración es la excepción. Se vuelve hasta divertido emparentar las contradicciones mas absurdas y aveces hasta la poesía emerge.
Te invito a colaborar con la continuacion de este cuento

