sábado, 14 de noviembre de 2009

Relaciones electronicas






La otra tarde, mientras saboreaba un exquisito oporto vintage que iba acariciando mi paladar y dejando su aroma afrutado evaporarse por los rincones de mi mente; observaba a través de la copa las luces de la calle transitada. Y me hicieron recordar la cercanía de la temporada navideña. La que tal vez sea la temporada mas social y comercial del año.



A la vez recordé un articulo publicado en la revista Ñ en referencia a la paranoia sufrida por su autor al sentirse acosado por las redes sociales en internet. No vale la pena mencionar alguna, ya que todas (que son bastantes y cada vez mas), cumplen la misma misión.



Es la nueva re-ligión. Es el aborto tecnológico que promueve el acercamiento entre personas que se encuentran separadas por la distancia, pero que a la vez, separa a las que están cerca, o sea, un arma de dos filos.
La necesidad de comunicación en el ser humano es evidente. Pero estas ventanas a la intimidad son engañosas. Tu perfil prefabricado como la persona que siempre has querido ser y no has podido, y por el otro lado el observador vogeurista que gusta de la fantasía del ser omnipresente e invisible.



Al mismo tiempo me sorprende ver a mi hija de trece anos textear en su celular a una velocidad increíble. Pocas veces lo usa para hablar y en respuesta a mi pregunta ella me contesta; asi solo digo lo que tengo que decir y no debo esperar a que la otra persona busque sus palabras o deje de hacer lo que esta haciendo para contestarme. Esto me pareció muy interesante y me di cuenta que estoy ante la generación del lenguaje lacónico, ante la generación que acabo con el protocolo y el realismo mágico y sobre todo, con la generación que acabo con los incomodos silencios entre dos personas que ya no tienen nada que decirse.
Los cambios y la evolución son tan inevitables como el paso del tiempo. Yo por mi parte prefiero un apretón de manos, la calidez de un abrazo o la suavidad de un beso. Y el único "link" que tolero entre tu y yo es esta botella de oporto que como todo buen oporto tiene por obligación ser tomado.



Que suavidad al acariciar esta botella, que olor tan delicioso de este vino tan generoso, regalo de Portugal, el chasquido de dos copas en un brindis y el espectro de sus colores cuando la luz de la kantina las atraviesa, son cosas que no me han robado las relaciones electronicas.