
Aquella tarde, como siempre. Desde que te fuiste. Fui a esperarte con la noche. A la orilla del acantilado. Alli, sobre una pequeña roca lloraba una niña. Solo se escuchaba el estruendo lejano de las olas y el sollozo cansado. Su voz enrronquecida delataba el tiempo que anido su desconsuelo. Vi las cicatrices en sus manos y en su cara. Algunas nuevas y otras parecían haber estado siempre allí, desde el primer aliento. Me acerque un poco mas, pero ella no parecía percibir mi presencia. Su túnica blanca estaba escurriendo lágrimas y entonces vi sus alas, mojadas, inservibles. La brisa del mar castigaba su maltratada cabellera obscura que se enredaba entre sus hombros y sus alas. Vi como frotaba las marcas con sus lágrimas. Vi como estas se bebian los pedacitos de mar que se escapaban de sus ojos tristes.De pronto dejo de llorar y abrió sus brazos. Su túnica se deslizo al suelo y pude ver su cuerpo martirizado con cientos de cicatrices. Las cicatrices del mundo, las cicatrices del corazón de los hombres, las cicatrices de un alma rota, la cicatriz de la desesperanza y las de la decepcion. De pronto el mar enmudeció. Como queriendo ser testigo de aquel instante. Murió por un momento, y el sol obscureció. La única luz brotaba timidamente de la piel de esta criatura y una a una las cicatrices comenzaron a desaparecer. Cada vez que desaparecía una herida se encendía una estrella. su piel se volvió de marfil y sus alas se extendieron, enormes, irradiantes de belleza. Y entonces el mar rugió nuevamente. La niña comenzo a elevarse sobre el acantilado y busco su reflejo en el agua. Ya no era una niña, era una gaviota que se elevababa hacia la luna y pronto cientos de gaviotas la acompañaban en el vuelo. Se confundieron con la espuma del mar y con el reflejo de la luna. Desde entonces, sentado en esa roca espero el atardecer y te busco en los ojos de cualquier gaviota, en cada gota de lluvia y aveces, escucho tu voz en los caracoles del mar. Y cuando el cielo esta lleno de estrellas doy gracias por haber olvidado mis heridas.




