jueves, 1 de noviembre de 2012

Desde el muelle una gaviota miraba
dos siluetas enredadas de ilusiones,
como sombras de fuego en la pared
entre el viento temblorosas de ansiedad

Ella, le prometía
el tiempo de sus labios en cada mañana
y las humedades de su piel al atardecer
él, el sol en sus ojos a la media noche
y la boreal encerrada en una lágrima

Se entregaban la eternidad
en una caja de cristal

Un día común
él encontró en el sur
las estrellas en dos ojos de luz marrón
ella, escucho del norte
las palabras de matices imposibles

Se rompió la caja de cristal
y por sus grietas se escapo la eternidad
volaron las promesas a buscar diferente primavera

En otro sueño, una golondrina miraba desde un tejado
que las mariposas, de vuelo impredecible
no se enamoran de las flores
que la brisa no le llora al mar
y que la eternidad
comienza cada día
y muere al atardecer.


-Rogelio Arellano-

lunes, 30 de julio de 2012

cuento

Raices


Todo empezó con una ligera molestia en la parte interior de mis muñecas.
Trabajando para la compañía petrolera que se propuso traer el progreso a esta región, solo deseaba que los tres meses que duraba mi contrato, transcurrieran lo mas pronto posible.
En medio del caudal de dos ríos, de la espesura impresionante de esta selva perennifolia, a tres días de camino del poblado mas cercano y sin medios de comunicacion disponibles; llegue cargado con medidores de humedad, termómetros, anemómetros y fotómetros, solo estaba acompañado de un pequeño grupo de ayudantes nativos semi desnudos, de piel obscura y olor a arcilla. Que apenas hablaban extraños dialectos de sonidos guturales y que no alcanzaban a razonar que la tierra tiene dueño.
Mi misión era elaborar el estudio de impacto ambiental, dicho sea de paso, que a nadie le interesaba conocer. Pero era indispensable para darle coherencia al sentido social del sistema económico, que no se permite detener un segundo, ni tolera la existencia de ecosistemas improductivos.
Los primeros días transcurrieron según lo planeado en los cálculos de inversión y hasta disponía de algo de tiempo libre para capturar algún mono araña, guacamaya o manatí, que me permitiera compensar la molestia de este insoportable clima.

Al pasar de las primeras semanas, note que pequeñas grietas se abrían en la piel de mis brazos, como una tímida erosión transitoria. Pero no detuve mis caminatas para reconocer el terreno que habría de ser transformado, Aquí y allá podía observar, bajo la vegetacion, algunos desechos culturales, basamentos de pirámides minúsculas, que no figurarian en mi reporte por no ser rentables.

Me divertía observar la curiosidad que yo sospechaba fingida de los nativos hacia mi equipo de medición y me contrariaba su conducta indiferente a la inminente modernizacion de su hábitat. Su gusto por dormir fuera del campamento y su necedad de cazar solo animales comestibles.

Comenzaba a preocuparme que mis heridas hechas seguramente por las ramas o herramientas, no sangraban. Sin embargo secretaban un liquido transparente. La memoria de la tierra, decían mis aborígenes asesores, que en lugar de ofrecerme algún remedio local, comenzaban a intercambiar miradas y sonrisas infantiles.

Sabia que los nativos ignorantes y supersticiosos, en su imaginario colectivo, contaban que la selva tenia sus propios mecanismos de defensa, tales como, epidemias, tormentas intensas y una cantidad inimaginable de moscos, reptiles y toda clase de bichos. Todo con el fin de evitar que se abrieran los caminos para extraer la energía que las ciudades civilizadas necesitan. Pero a la quinta semana yo lo que quería saber era porque mi piel comenzaba a agrietarse. Sentía una sensacion permanente de sed y lo que mas me sorprendió fue no sorprenderme por las diminutas hojas y tallos ensortijados que comenzaron a brotar de mis llagas.

Debía darme prisa, buscar la ciencia del hombre blanco o al menos el consuelo de la religión verdadera, porque las ramificaciones empezaban a descubrirse por los bordes de mi ropa. Aunque hacia ya algunos días que  había empezado a tener dificultades para interpretar mi propio proyecto de destrucción y las horas comenzaban a escurrirse como los arroyos que se devora el río.

Una noche, dentro de mi tienda de campaña, la fiebre metamorfeaba mis visiones, pero pude observar como mis pies comenzaban a deformarse de tal manera que el día siguiente me fue imposible usar las botas de exploración. Ya no tuve valor de mirarme al espejo, quizás por evitar la decepción de seguir siendo el mismo. Quizás porque pude sentir la textura de la luz de la luna. Quizás porque recordé el nacimiento de las pleyades.
Al salir de la tienda mis ayudantes esperaban tranquilos. Por alguna razón sabia que no eran necesarias las palabras y sentí el calor de sus abrazos. Sentí por primera vez el amor de una mirada.

Me tomaron de mis manos, o de lo que una vez fueron mis manos y me guiaron, pacientemente por veredas cubiertas de bijagua donde mis enormes pies apenas alcanzaban a arrastrarse hasta llegar a un claro a la orilla del río. Rodeado de arboles gigantescos, algunos cubiertos con enredaderas multicolores y helechos. Un pequeño paraíso de orquideas y bromelias  iluminado apenas por rayos de sol que lograban abrirse paso como lanzas entre la espesura del follaje y nubes de luciérnagas flotando sobre las flores. Fue como entrar en un sueño metalico de reflejos vivos.

Mientras los dedos de mis pies penetraban la tierra, alargandose, entrelazándose con las raíces de otros arboles y  pude ver. Pude ver la piel de los lagartos en las nubes, pude sentir la mirada de los jaguares desde cada tronco, y escuchar el rugido de las panteras en el aire y pude sentir el universo entero dentro de mi.
Los indígenas que me rodeaban soltaron mis manos y en ese momento lo supe todo, en sus rostros se dibujo una sonrisa, afable, nostálgica, y la lluvia invernal en sus miradas. Ellos también lo sabían.
Muy pronto el hombre se perdió en las sombras, y la corteza cubrió mi piel. Y comencé a crecer; a alimentarme del aire y del sol. Y ya no tuve mas miedo.

Hoy puedo sentir como los niños juegan, balanceandose entre mis ramas y por las noches, la lluvia  mojando el sueño de las estrellas.   Pero en las mañanas aun me estremezco cuando siento temblar la tierra, al paso de las maquinas que construyen el futuro.


sábado, 30 de junio de 2012


Frente a una hoja en blanco
que le observa como abismo,
el poeta esperaba
de su pluma las palabras

No se daba cuenta
... que la nieve cubrió sus hombros
que las imagenes en su mente
se volvieron lirios en el estanque
y esperaba que las letras llegaran
como mariposas al santuario

No se daba cuenta
que los amantes de sus versos
ya eran vapor de nubes,
que sus coplas se fueron con la moda
y envejecieron su elocuencia

Recostado en el olvido
esperaba su figura en el espejo,
su poesia se volvió canto de pajaros
y él, recuerdo en la memoria de los árboles.

-Rogelio Arellano-

miércoles, 2 de mayo de 2012


Fronteras

Alegres fantasmas paseaban
por el traspatio de mi casa,
con lozana cadencia
husmeaban entre las flores,
despertando mariposas
y la esquizofrenia del gato suspicaz

Todos iguales,
... del color del manto de la luna
subian a las copas del abeto
para dibujar cascadas al caer

Andaban libres
desde mi patio hasta el panteón
cantaban el viento
y brillaban de hielo.

Fue una noche de hastio
cuando el perro, buscando olores
descubrió que los huesos bajo tierra
también son de colores

Nunca mas volvieron a mi patio.
Por el matíz de su esqueleto.
Se quedaron atrapados,
en la frontera del panteon.

-Rogelio Arellano-

Ensueño

Son historias de colores
mariposas atrapadas en un baul

Es un jardin de flores imposibles
regado con la luz de las estrellas
donde te sientas a esperar el pasado
y a recordar el futuro.

... Son madeja de hilos de plata
donde las visiones se expanden
y el tiempo se comprime

Es caleidoscopio de fragancias
en la cuna de tus juegos ludicos
y musica corriendo por tus venas

Es laberinto sin sur ni norte
y auroras debajo de mi cama

Es el hibrido manto de los sueños
donde te pierdes
te evaporas

...y te olvidas.


-Rogelio Arellano-